La patomecánica ocupacional de un escalador y un pianista

"The studies also focused on the sitting posture of volunteer piano players. (© Hartmut Riehle)"

Leyendo el artículo “Looking over the shoulders of mountain climbers and musicians” (2010) de Michael Statnik, publicado en Biotechnology and Life Sciencies in Baden-Württemberg, hemos querido compartir con vosotros algunas reflexiones sobre el tema. Ya sabéis que el objetivo de nuestro weblog es ahondar poco a poco en una línea de trabajo e investigación todavía nueva en España e Iberoamérica, así que una divulgación de la cultura científica en este ámbito es muy importante, ofreciendo criterios responsables que ayuden a considerar críticamente el estado de la cuestión, pues muchas veces la prensa no presta atención a los detalles más especializados y determinantes.

A este respecto, como sabéis, la sobrecarga mecánica que soporta una pianista es compleja. La actividad que desarrolla sobre el teclado suele ser descrita desde fuera como relajante, pero realmente esto no es así. Tal y como comenta el artículo existe una diferencia entre la patomecánica ocupacional de un escalador y un pianista, pero ambos sufren de consecuencias en el aparato locomotor, y una mala práctica, con un uso ineficiente de la energía, puede agravar las cosas.

El estudio del Prof. Helmut Riehle, comentado por Michael Statnik, busca descifrar tanto las fuerzas implicadas como la cinemática de las falanges en relación con la estabilidad articular. El estudio fue realizado por medio de sensores de movimiento recogidos por una cámara infrarroja que determinaría un correcto análisis del movimiento. Estos sensores se colocan en puntos clave para poder medir el movimiento y sus velocidades, en puntos de todo el cuerpo (falange distal 1er dedo del pie, maléolos, cabeza del peroné, espina iliaca anterosuperior, sacroiliacas, espina de la escápula, escápula en sus extremos craneocaudales, C7, articulación temporomandibular, zona supraepicondílea, cúbito, radio, MTC, MTC-F e IF). Junto con esto se mide la frecuencia cardiaca dando como resultado, sorprendente para el autor, que el pianista en concierto puede tener una frecuencia cardiaca y gasto cardiaco similar al de un tenista en pleno partido. Este hecho resulta sorprendente para quienes no son músicos, pero para un músico no resulta raro el encontrarse extenuado tras una actuación, física y mentalmente, con un consumo calórico realmente intenso.

"Force sensors and infrared markers were used to record and measure finger and joint movements. (© Hartmut Riehle)"

Otra cuestión interesante medida en el estudio es la referente a la fuerza aplicada sobre la tecla al tocar, la resultante de fuerzas, según el estudio, es que de media en un piano la fuerza es de 100-200 N y en el forte llegamos a los 300-500 N. Pero en este caso la interpretación de lo comentado en el artículo es discutible. 1) No es lo mismo emplear el propio peso del cuerpo que el la fuerza de flexión exclusivamente de un dedo bloqueando la caída de peso natural (el sonido es evidentemente diferente). 2) No es lo mismo la fuerza y tensión interna muscular empleada en un pasaje polifónico en una sola mano con apertura importante de la misma, que implica fuerzas internas no medidas, que un arpegio staccato a una velocidad lenta, o la tensión no representada en el freno y cálculo de las notas iniciales de “La campanella” de Franz Liszt. 3) La masa muscular, la grasa y la constitución de la persona implican un diferente uso de la fuerza (freno vs. caída) 4) Un acorde implica una tensión y N de fuerza para mantener arco de la mano, algo que no se refleja en la fuerza total aplicada sobre la tecla.

Estos son algunos de los puntos que nos recuerdan cuán complejo y problemático resulta analizar el movimiento de un pianista. Y es importante destacar aquí que en un pianista debemos siempre tener en cuenta el principio sobre el que se rige toda la naturaleza: el de mínimo consumo de energía, la eficiencia energética. La técnica debe buscar economizar esfuerzos físicos y mentales a la hora de enfrentar la partitura, porque en la interpretación pública debemos ser capaces de mantener una perfecta homeostasis entre la tensión emocional y la ansiedad (tono simpático aumentado), además de la tensión muscular y el tono aumentado por nuestras catecolaminas (hormonas liberadas en situaciones de estrés), frente al ideal que buscamos, para aproximarnos lo máximo posible al punto de equilibrio entre ambos. Intentemos que el estudio del piano no tenga como único objetivo el que comentaba con ironía el gran pianista Piotr Anderszewski: “Evitar el desastre en el escenario”.

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