Hay gente a quien le gusta el fútbol. Mucha, muchísima. Gente que ve partidos de fútbol en la tele, pero también gente que va al campo para vivirlos en directo, e incluso gente que se reúne para jugar con los amigos, con más o menos regularidad. Todos ellos aman el futbol: no se limitan a ver una final de la Eurocopa sino que dedican horas y horas de su vida a esto, y esto, evidentemente, es porque algo les mueve. No es por el dinero (al contrario: ir al campo puede ser, de hecho, un hobby muy caro): es por pasión. Luego hay algunos que, además, ganan dinero jugando al futbol; pero incluso ellos no lo hacen por dinero, o por lo menos no sólo por dinero: lo hacen, de nuevo, por pasión.
Hablamos de ello aquí, en este blog, porque sería lógico imaginarse que con la música sucediera algo parecido. Y, de hecho, sucede. Pero no siempre, y sobre todo no siempre en el entorno de la música clásica. Es impresionante comprobar, por ejemplo, la poca música que escuchan tantos (que no todos, insistimos) estudiantes de conservatorio. No hacen falta estadísticas (aunque podría ser interesante hacerlas, y resultarían demoledoras) para afirmar que muchos jóvenes instrumentistas que frecuentan un grado medio de conservatorio no sabrían citar más que dos o tres nombres de intérpretes de su propio instrumento; si han oído alguna grabación de las obras que ellos mismos tocan, la inmensa mayoría no sabe decir quién era el intérprete; y con el repertorio las cosas no van mejor: intérpretes que con 15 años todavía no saben citar ni una obra de Bach o de Mozart que no sean las que ellos mismos han tocado; e intérpretes que llegan a los 20 y más sin haber oído jamás las obras clave de su repertorio.
Volvamos ahora al fútbol, y la comparación es inevitable: sería como llegar a los 15 años y no saber quién es Messi, llegar a los 20 y no saber que existen el Arsenal, la Juventus, el Bayern Múnich. Impensable, ¿a que sí? Y lo más sorprendente de todo es que entre estas personas hay muchas que están preparándose para ser músicos profesionales. ¿Qué sucede, por tanto? ¿Por qué no nace ese deseo de saber, de conocer, de vivir y aprender de los mejores? Evidentemente, no se trata de disciplina: nadie examina a nadie para comprobar si se conoce la alineación del Barça o del Real Madrid; quien se la sabe la ha aprendido por gusto propio, de un modo natural, incluso si se trata únicamente de una afición de televidente. Si, además, jugamos en algún equipo juvenil, esperando algún día estar allí, pisando ese mismo campo, ya ni hablamos.
Porque se trata de aprender: del deseo de aprender. Para alguien que ama el fútbol, ver a Messi jugar es una delicia. Pero para alguien que juega al fútbol, cada partido de Messi es una clase magistral, de aquéllas que cuando termina tienes ganas de intentar reproducir tú lo que él sabe hacer como nadie. A lo mejor a ti no te sale precisamente igual, pero allí has visto un modelo. Y nadie te ha obligado a ello: has deseado ver ese modelo, y aprender de él.
Si todo esto es válido para el fútbol, que nos rodea a diario y nos agrede a través de cualquier medio, ¿cómo no decir lo mismo de alguien que se dedica a una actividad tan minoritaria como la interpretación de la música clásica? Cualquier video de Arturo Benedetti-Michelangeli, de Vladimir Horowitz, de Martha Argerich y de tantos más es una clase magistral, y nunca mejor dicho: una magistral demostración de cómo dar vida a un paisaje sonoro a través de un inmejorable manejo del cuerpo. Y ya no hablamos de los estímulos que pueden llegar desde fuera el piano, como estudiar el gesto irrepetible de un director como Carlos Kleiber, acercarse al mundo del ballet o comparar diferentes puestas en escena de una misma ópera y apreciar así el abanico de opciones que puede existir a la hora de escenificar un personaje y una psicología a través de la música. Hasta miniaturas como las Kinderszenen de Schumann pueden convertirse en un sorprendente universo de movimientos y tipos de ataque contrastantes, si quien las toca las toca así:
A través de documentos como éste, así como a través de todo lo que podamos hacer mediante la escucha en directo, un músico va cultivando su imaginación, va acostumbrándose a maneras de frasear, de entender la gestión de las diferentes propiedades físicas del sonido y va incorporando ejemplos de cómo generar ese mismo sonido.
Jorge Luis Borges llegó a afirmar un día que su verdadero orgullo consistía en todo lo que había leído, más que en lo que había escrito. Para un músico todo empieza del escuchar.
De ese escuchar que sólo puede nacer del hambre de escuchar, de conocer, de mejorar. Luego, por supuesto, necesitamos a los maestros que nos ayuden, a las guías que nos orienten en nuestro camino, especialmente si estamos en un momento de formación. Pero esa formación sigue, en realidad, toda la vida. Y siempre tendremos algo que aprender de aquéllos que han marcado la historia de nuestro arte: gente que ha hecho, mejor que nadie, lo que nosotros estamos haciendo hoy. Sólo necesitamos el deseo de seguir adelante: esa curiosidad inagotable que es el único talento realmente indispensable en cualquier disciplina.
Musikeon
Maravilloso!
Gracias!! Hemos querido encontrar una forma diferente de hablar de cuestiones importantes, y nos alegra mucho que el post te haya gustado!
Entiendo el mensaje pero, lamentablemente no estoy de acuerdo. Es prácticamente todo lo contrario de lo que he pensado toda mi vida y de lo que enseño a mis alumnos. Siempre pensé que la Edad de Oro del piano desapareció precisamente con la popularización de las grabaciones y la obsesión de muchos estudiantes de querer escuchar todo lo grabado.
Los grandes pianistas del pasado, Hoffman, Rachmaninov, Rubinstein, Godowsky, Levine, Busoni y muchos más, fueron tan grandes y cada uno tuvo una personalidad tan distinta de los demás justamente por no oir grabaciones. Creo que para los estudiantes en formación no hay nada mejor que el saber analizar una partitura, estudiar al compositor y, sobre todo, aprender a escuchar. El jóven músico debe saber que la partitura no es más que un montón de manchas negras sobre papel blanco y que lo más importante – la música – es lo que “nó” está escrito, aquello que se esconde detras de las notas.
Creo que los discípulos de Leschetizky han sido tan extraordinarios y “diferentes” precisamente porque nó escucharon grabaciones, sino que escucharon al Maestro, quien les enseñó a escucharse a sí mismos y a sus propios corazones. Quien diría que Moiseiwitch, Leginska, Paderewski, Gabrilowich, Friedman, Schnabel, Horzowski, Brailowsky, etc, fueron discípulos del mismo Maestro?
Con mi gran y querido Maestro Vicente Scaramuzza pasa lo mismo. Entre mis condiscipulos más famosos se encuentran Antonio de Raco, Martha Argerich, Bruno Gelber – e indirectamente – Daniel Barenboim (estudió con su padre, Enrique Barenboim, quien a su vez fué alumno de Scaramuzza)
Alentar al alumno a que asista a conciertos está bien y escuchar dos o tres veces al mismo intérprete en las mismas obras también es positivo, pero escuchar varias veces una grabación, que es siempre igual, puede dar un resultado negativo, especialmente si se escucha pensando en un modelo a seguir. Un jóven pianista no debería nunca pensar “quiero tocar cómo él/ella” por más famoso o/y genial que el otro pianista sea.
El pianista famoso puede estar tocando con mucho pedal porque la sala es muy seca o con poco o nada de pedal porque la sala o instrumento que tiene en ese momento son muy resonantes. Rl jóven sin experiencia, si tóma la interpretación como ejemplo a seguir, puede terminar cometiendo serios errores.
Desde el punto de vista técnico tampoco se puede tomar como ejemplo el arte de excelentes y célebres pianistas. Cosas que van bien a un pianista a otro no le sirven.
En fin, un tema largo, e interesantísimo.
Alberto Portugheis
Vice-Presidente EPTA (European Piano Teachers Association)
Vice-Presidente BPSE (Beethoven Piano Society of Europe)
Fundador ALAPP (Asociación Latinoamericana de Pianistas y Pedagógos)
PD contentísimo de ver el nombre de mi compatriota – Messi – en el artículo !!!!!
Querido Alberto,
quiero contestar personalmente a este mensaje tuyo: todos, en Musikeon, nos hemos quedado muy halagados de que hayas querido dedicarnos una respuesta tan detallada, y yo personalmente aprovecho la ocasión para formular algunas reflexiones al respecto de estos temas que nos apasionan.
Coincido contigo en que la popularización de las grabaciones fue muy importante en el ocaso de la que fue, a todos los efectos, la “Edad de Oro” del piano. Pero no creo que haya sido la única razón: el principal problema fue que coincidió con una época, el neoclasicismo, en el que el dogma era atenerse a una lectura unívoca de la partitura. Si los pianistas tuvieran para escuchar a Busoni, a Hoffman, a Rachmaninov, tendrían un abanico de opciones tan amplio, que ya no acabarían por tocar todos de un modo tan similar. En cambio, de éstos tienen bien pocas grabaciones (y poco promocionadas por las casas discográficas), mientras conocen príncipalmente unos intérpretes a menudo muy clónicos.
Por otra parte, nuestro post no quería ser tanto una alabanza del tomar las grabaciones como única referencia (y menos todavía el escuchar una y otra vez a los mismos intérpretes: desde luego que no!), como una advertencia ante una situación que se está dando mucho en España y en otros países: el propio desconocimiento tanto del repertorio como de los intérpretes. Los jóvenes pianistas escuchan poco, muy poco: poco repertorio pianístico y aún menos repertorio sinfónico, de cámara o vocal. Y esto les priva de un referente estético: si lo que tienen en mente es únicamente el sonido de su piano tocado por ellos mismos, ¿cómo van a imaginar un legato vocal o el tutti de una orquesta?
Mi admiración por Leschetizky y sus discípulos, así como la que profeso por Goldenweiser o el propio Scaramuzza que tuviste el privilegio de tener como maestro, me lleva también a preguntarme: ¿qué referentes sonoros pudieron tener Moiseiwitch, Paderewski, Friedman o Schnabel? Gente que si iba a un concierto (e iban, a menudo) se encontraban precisamente a Busoni o al propio Anton Rubinstein, o que pudieron asistir al estreno de la Consagración, y que fueron formados también para componer e improvisar.
Desde el punto de vista técnico, que es el núcleo de este blog, coincido al 100% contigo en subrayar que lo que va bien a un pianista a otro no necesariamente le sirve; de ahí que sea importante que los referentes que uno tenga sean, en todo caso, los que más se acercan a su mano y a su sensibilidad. Los referentes son inevitables, y si se saben llevar bien, pueden ser muy positivos: empezamos queriendo imitar a nuestro maestro (y allí empieza el peligro de la imitación, de hecho, y con ello el papel de gran responsabilidad que tiene en ello el propio maestro), y luego están los pianistas que, hoy más que nunca, están a nuestro alcance. El problema, de nuevo, es que se tomes de verdad los buenos ejemplos: que uno se acostrumbre a ver una mano como la de Benedetti-Michelangeli, en mi opinión, es algo que tiene muy pocos “efectos secundarios”; el problema es si uno tiene como único referente su propia mano, que muy probablemente tendrá defectos y problemas por resolver. Por supuesto, un muy buen maestro es fundamental, como también lo es crecer en un entorno musical rico y estimulante. Pero la realidad (y en España de un modo especial) es que muy pocos jóvenes pianistas tienen ese privilegio. Y me parece esencial que todos aprovechen las oportunidades que brinda la tecnología para conocer más música y esos intérpretes que han marcado la historia de nuestro arte.
Un fuerte abrazo, querido Alberto, a la espera de un próximo encuentro!
Coincido plenamente con Alberto y con Luca; creo que hablan de fenómenos diferentes.Para lograr una interpretación interesante es necesario bucear en uno mismo, através de la partitura.Pero no creo que un “quasi” analfabeto musical ,como lo son casi todos los estudiantes de hoy ,sean principiantes, intermedios o avanzados, que jamás han oido nada de la música que hacen, pueda lograr justamente una interpretación interesante.La mayoría de los estudiantes de hoy ni siquiera conocen youtube, y , por cierto , jamás van a un concierto.Pero si ven futbol , ya sea por televisión o van a la cancha y si saben muchísimo (en algunos casos) de otras músicas no clásicas, sobre todo , conocen casi todo sobre rock,nacional, internacional, etc.Deberíamos explorar ese fenómeno y tratar de encontrar un punto de inflexión para que la música clásica resulte para ellos lo mismo que el rock o el futbol.
Por cierto, hace unos años, en ocasión de una visita de Martha a Mendoza escribí un artículo periodístico en el que comparaba a Martha con Maradona
Saludos afectuosos para ambos!!
Querida Dora,
en primer lugar gracias por intervenir en este foro, que hemos inaugurado con tanta ilusión y esperamos siga siendo en el futuro un buen espacio de intercambio para todos aquellos que estamos tan interesados en el piano y en la pedagogía. Personalmente (y supongo que también a muchos de los lectores de este blog) estoy enormemente interesado en leer tu artículo sobre Martha y Maradona! Estás publicado en alguna revista? A la espera de tu respuesta, recibe un afectuoso saludo de mi parte y de parte de todos los que colaboran conmigo en esta nueva aventura. Hasta pronto!
Acertado comentario y símil. Pero hay una razón fundamental para éllo (también habrá otras): los 1ºs. que no dan ej. de esa actitud de aprender de otros, son los Profs. de los Conservatorios de España de cualquier nivel (quizá más cuanto más alto); ¿a cuántos se ve en los conciertos?, a muy pocos y de ésos, la mayoría a los de “su” instrumento, como si el resto de la Música no enseñara siempre algo; y algo parecido les ocurre a los Profs. de nuestras orquestas; van a otras extranjeras (generalmente no les encuentran virtudes o muy raramente) y a algún colega solista muy afamado o a algún compañero (por aquéllo del qué dirán; y una parte, generalmente. De modo que no exijamos al resto lo que no dan los que viven de éllo. Los del fútbol sí van, toman notas, hacen vídeos, mandan a sus ayudantes, etc., etc., …
Chema, tienes toda la razón: faltan ojeadores! En serio: los que deberían dar ejemplo no siempre lo dan, y si un joven pianista ve que su propio maestro no va a concierto y no se apasiona por esa música, ¿cómo lo va a hacer él? Pero, por suerte, ésta no es la regla: sí hay muchos, muchísimos profesores de todas las edades que sí aman profundamente la música que enseñan. Se trata de buscarlos y cuidarlos!!
Hola!
Yo soy uno de esos estudiantes que están haciendo grado medio en un conservatorio y no conocen mas que lo que tocan(salvo cosas muy típicas,como la quinta de Beethoven o la flauta mágica de Mozart por poner unos ejemplos).
En mi caso la situación es muy sencilla me encanta la música es mi pasión vivo por y para ella pero esa pasión nunca la sentí con la música clásica.Lo escucho y admiro, intento aprender todo lo que puedo de ello, hay cosas que aprecio mas que otras, pero lo que es “pasión” muy pocas veces.
Direis ¿entonces porqué lo estudias? pues por que no tengo la posibilidad de estudiar música moderna de una manera reglada en mi comunidad autónoma que es lo que realmente me apasiona,de echo ni “mi instrumento” (soy bajista,pero no me quedo mas remedio que hacerme contrabajista) existe de una forma académica reglada.por lo tanto si quería seguir avanzando en esto de la música de una forma seria no me quedaba mas remedio que meterme en “este fregao”.
Respecto a lo de la comparación no estoy de acuerdo en comparar el fútbol con la música.El fútbol es una competición,algo de números,resultadista,propagandista… aún Dentro de su belleza (que la tiene).la música tiene que gustarte y no hay mas,no es necesario ser bueno siquiera para hacer música que te haga disfrutar.Para mi la música se trata de sentimientos,solo eso.el fútbol son resultados que luego se convierten en sentimientos.
Escribo esto sin ninguna acritud y como una humilde opinión de un joven estudiante,también sé entender vuestro punto de vista.Un saludo
P.D:y de rebote acabo de conocer un Blog estupendo
Hola!
Es cierto lo que comentas: que la música moderna, así como el jazz, el flamenco y muchas otras tradiciones musicales no encuentran habitualmente un espacio en la enseñanza musical. Es cierto también que esto está cambiando: hay escuelas magníficas que sí se dedican (del todo o en parte) a ofrecer una formación basada en tradiciones diferentes de la clásica. Pero queda mucho camino por hacer. Y no es extraño lo que dices acerca de lo difícil que es sentir pasión por la música clásica: se trata de música maravillosa, pero cuyos referentes estéticos son muy lejanos de nuestro mundo. En todo caso, esperamos que este blog que acompañe durante mucho tiempo, y te animamos a seguirnos, y a seguir tu gusto a la hora de seguir apasionándote por unas u otras músicas. Un saludo!
Un post para enseñar a mis alumnos del Conservatorio…y hacerles reflexionar de manera diferente y mucho mejor explicada un concepto que no paro de intentar meterles en la cabeza, aunque (se ha de decir todo) con muy poco éxito. Creo (desgraciadamente soy un pesimista) que esta es una batalla perdida y que se perdió en casa, en las casas de cada uno. Yo he sido un “freak” de la música (grabaciones, conciertos, conocimiento del repertorio, los grandes intérpretes and so on) porque en mi casa se insistió en oír esa música desde pequeños, y no cualquier otra. Ahora, en este universo globalizado, disperso y lleno de opciones que al final no son más que las que los mass media te imponen, la música clásica entre los jóvenes de Conservatorios es un ejercicio contranatura. Y eso tiene poco que ver con la ausencia de pasión, sino que la pasión está en otra parte, como bien dice Mon.
El problema es un desplazamiento, quizás. Se mete al niño en el Conservatorio y se le habla de una música que no ha oído en su vida, y se le enseña como si fuera la única, mientras el mundo gira en otra revolución, al son de otra música. O quizás siguiendo el ejemplo, se mete al niño en una escuela de béisbol, y se espera de él que conozca a todos los jugadores de béisbol famosos, mientras su entorno, todo el país, adora a los Messi y Cristiano y ve partidos de fútbol sin cesar, y considera el béisbol algo de yanquis.
En fin, que (si me lo permites) utilizaré tu post en clase con mis alumnos, pero la experiencia me ha enseñado que viven en otro tiempo, que sus pasiones son otras que las mías. Mi labor creo que se reduce a abrir puertas, a dar a conocer otras músicas, otros intérpretes, y esperar que esas músicas o esos intérpretes resuenen en la curiosidad de mis alumnos y sean la puerta de un nuevo conocimiento para ellos. A mí me sucedió así con algunos de mis profesores en el Conservatorio, y espero que suceda con algunos de mis alumnos en el futuro.
Saludos y enhorabuena por el blog,
Enrique
Querido Enrique,
Cuando los chicos más jóvenes no han tenido un entorno en el que la música clásica se ha vivido como algo realmente “vivo”, es muy difícil despertar en él esa curiosidad, esa pasión que otros sí hemos sentido crecer de un modo tan natural. Pero se trata, como tú bien dices, de abrir puertas, de ofrecer oportunidades. Y estar pendientes de los puentes que pueden surgir, inesperadamente, de figuras capaces de romper barreras (Lang Lang) o de trabajos audiovisuales capaces de atraer su curiosidad (los videos de Anderson & Roe, por ejemplo). E incluso de clásicos como Fantasía de Disney: sólo se trata de que no sean hechos aislados. La música clásica tiene un poder extraordinario: lo único que no podemos hacer es seguir esperando que la “compren” con discursos del tipo “el lenguaje universal de los sentimientos” etc etc. Así, seguro que no les va a entrar. No la compraría ni yo, esa música, si hoy me la presentaran así. Esa música es mucho más grande que eso, y por supuesto es capaz de superar los angostos discursos en los que la hemos enclaustrado. Y los pedagogos tenemos una gran función. Ánimo!!
Un post magnífico. Con tu permiso, Luca, lo enseñaré a mis chicos.
Estos comentarios me motivan a reflexionar.
Cuando yo comencé a estudiar música, nadie en mi familia había escuchado en su vida una sinfonía, ni una pieza de piano, ni siquiera sabían qué era el Conservatorio. Mis profesores nunca me dijeron que escuchara grabaciones de las obras que yo estudiaba, ni que fuera a algún concierto. Yo me volvía loca buscando discos, entonces eran de vinilo, de las piezas que tenía que interpretar, y he de decir que con poco éxito, pues interpretaciones del repertorio de un grado elemental no se grababan; hoy entras en “San” youtube y tienes de todo, bueno y malo. Me gastaba toda la paga que me daban mis padres en comprar discos, ir a conciertos, ballets, teatro…, el teatro Principal era mi segunda casa, me lo conocía al dedillo.
Siempre he sido una persona curiosa y apasionada por conocer, sea cual sea la empresa en la que me embarque, y esa actitud, innata en mi, ha hecho que nome haga falta nadie para crear en mi la pasión.
Han pasado ya unos cuantos años desde esos tiempos, y ahora soy profesora de música, o mejor dicho, pedagoga, y si algo tengo muy claro es que todo en esta vida se puede aprender, la pasión también se puede aprender.
Enseño a mis chicos qué es una blanca, una negra, un seis por ocho…, pero también les enseño a disfrutar y apasionarse, considero que es mi obligación enseñarles no solo lo que he aprendido, sino lo que llevo de serie desde el momento en que puse el pie en este mundo, y una de esas cosas es la pasión.
Por supuesto, yo les voy a enseñar, después depende de ellos que quieran continuar y aprendan a querer descubrir sus potencialidades.
Mis alumnos más pequeños no escuchan música clásica en casa, pero en mi escuela la escuchan de una manera adecuada a su edad. Estos infantes tienen una energía desbordante y no puedes pretender que escuchen música sentados tranquilamente en una sillita, no, no; nosotros bailamos, corremos, saltamos y coreografiamos con la música clásica; el curso pasado los hit parade de la escuela eran la música acuática de Haendel, la pedían a todas horas, la danza rusa del Cascanueces de Tchaikovski, el vuelo del moscardón de Korsakov y unos cuantos más, ¡les encanta!
A los más adolescentes me los llevo a ver musicales, ópera, conciertos, cámara, teatro, muchos de ellos nunca habían ido a la ópera, a día de hoy no se pierden una, (por supuesto cuando consigo entradas a buen precio, sino, es prohibitivo para sus bolsillos) buscan videos en youtube y entre ellos los comentan y se los pasan, incluso los que hacen canto, piden arias y dúos de las óperas que vemos para estudiarlas, junto con canciones de Mónica Naranjo o de Lady Gaga; algunos de mis alumnos tocan en grupos de metal o de rock, y he conseguido que adoren a Bach, y cito palabras textuales de ellos: Bach es el Maestro.
Cuando vienen con alguna propuesta de algún cantante o grupo moderno de los cuáles yo no tengo ni idea, les pido que me pasen su música, y he de decir que he descubierto cosas muy interesantes con las que también me apasiono; cuando hacen sus conciertos con sus grupos, no me pierdo uno, les asombra que vaya y más todavía que salte y baile y cante como una posesa, ellos confían en mi porque yo también aprendo con ellos .
Los alumnos más adultos, la gran mayoría nunca en su vida han ido a un concierto de música clásica ni a una ópera, cuando los he llevado tendríais que haber visto sus caras iluminadas y sus palabras de gratitud, es algo maravilloso.
Con esto quiero decir que cada edad tiene su manera de llegar a la música, y que es obligación de un profesor buscar la manera de cómo llegar según la edad.
A veces me pregunto si todo esto que hago sirve para conseguir hacer nacer en ellos la pasión, y cuando me hago esa pregunta al poco me llega la respuesta. Ayer, sin ir más lejos una de mis alumnas, que ahora tiene 19 años y comenzó a recibir clase conmigo a los 5 años, me llama entusiasmada por teléfono para decirme que poga la tele, que en la 2 están haciendo un concurso de piano donde la gente toca genial, al momento llamo a algunos de mis alumnos para decirles que vean el concurso, alguno ya llevaba un rato viéndolo y otros me dieron las gracias por avisarles y que lo iban a ver.
Realmente, la PASIÓN es algo que también se enseña.
Querida Beatriz,
yo estoy convencido de que vale la pena, y que si de nuestra parte ponemos pasión, nacen cosas que pueden ser extraordinarias. No en todos, por supuesto, pero en más de una ocasión y, eso sí, en formas que tal vez no imaginábamos. Claro que el paso más importante de todos debería darse en las familias, pero incluso allí hemos de trabajar para que vayan dándose los pasos que consideramos necesarios. Está en nuestra mano. Lo que pase a gran escala ya no podemos saberlo; lo que sí podemos hacer es actuar en nuestro entorno. Y es lo que tantos profesores estáis/estamos haciendo.
Un abrazo grande!
Por todos los correos que han llegado queda claro que lo más importante es que el Maestro séa un buen maestro y que la relación maestro-alumno también sea buena.
Encuentro que cada uno dá su opinión, que es siempre muy generalizada, porque la basan en su propia experiencia.
Por ejemplo, eso de que el alumno primer pianista que copia es su profesor, depende…..! desde ya no es mi caso. A mi primera maestra – Rosa Giuliano, discípula del gran compositor argentino Alberto Williams – sólo la escuché cuando me hizo estudiar unas hermosas obras de Diabelli para 4 manos y unos años más tarde cuando me hizo estudiar las Overturas de Mendelssohn, también en versión a 4 manos.
Scaramuzza no tocaba nunca para ejemplificar. Mis maestros en Suiza, Louis Hiltbrand, discípulo de Dinu Lipatti y Madeleine Lipatti, viuda del legendario pianista rumano, tampoco se sentaban al piano. A Hiltbrand sólo lo escuché cuando preparaba un concurso con el 2do Concierto de Liszt y mi Maestro tocó la parte orquestal en un segundo piano. Mi otra Maestra, Youra Guller, podía llegar a tocar 5-6 notas, de pié, para mostrar cómo ella ponía sus dedos, qué digitación usaba, qué tipo de sonido quería que busque, etc, pero nunca se sentó en mi lugar.
Yo tampoco toco para mis alumnos. Lo hago sólo si estamos muy cortos de tiempo. El ejemplo lo doy en 10 segundos, en cambio una explicación hablada, el análisis de la partitura, etc, llevaría mucho más.
En cuanto a los jóvenes de hoy que no escuchan mucha música, también es muy relativo. Los hay de todos los colores. Justamente tengo un alumno que toca todas transcripciones de óperas, porque pasa casi todo su tiempo escuchando óperas y se las conoce casi todas de memoria. He tenido una alumna que era muy buena en el piano pero también una eximia violinista. Discos se venden menos porque hoy en día, lo más común es bajarlos del Internet. Puede ser que en ciudades del interior de un país no se véa tantos jóvenes en los conciertos, pero en las capitales, todas las salas tienen una gran proporción de público jóven.
Me cuesta creér eso de que hay, hoy en día, menos gente interesada en el estudio de la música. Los conservatorios están todos llenos, a tope, con muchísimos aspirantes que quedan fuera cada año
Alberto.
Yo también soy estudiante, y sobre todo no soy una estudiante ejemplar, mis pasiones musicales son muy diversas, así como diversos han sido los países en los que he vivido y crecido. Mis pasiones musicales (en cuanto a lo que escucho) van caminando conforme voy descubriendo alguna música o alguna obra que, por alguna razón, me encanta y entonces empiezan las pesquisas que a su vez me llevan a descubrir novedades. Debo coincidir un poco con un estudiante que anteriormente comentó que entró a estudiar música clásica por que no tenía otra opción, bueno conmigo fue parecido, sin embargo, ahora tengo por seguro que nunca dejare de escucharla y redescubrirla (independientemente de que me haga o no concertista), junto con las músicas folclóricas o populares cuyos contenidos “me hablen”. Parece que lo de ser concertista no lo decido yo, en todo caso, por qué el entorno (la escuela, la misma historia y grabaciones de música clásica) me recuerda a menudo que ya estoy “vieja”. Por suerte esta no es la única música que existe, si no estaría ya muy deprimida, al ver que perdí la oportunidad.
Pero lo que me pregunto ahora mismo, acabando de ver un excelente documental llamado “La educación prohibida”, es si el sistema educativo de la música
responde a las necesidades de la actualidad y los contextos de esos alumnos “ignorantes” e “indisciplinados”. Es decir, por supuesto que hay que conocer y analizar el pasado, los hombres y mujeres que innovaron y marcaron maneras y momentos porque fueron “ellos mismos” y a su vez respondieron (de maneras creativas y transgresoras, muchas veces) a su entorno y momento histórico. ¿Será que Beethoven sería recordado como lo recordamos si hubiera dedicado toda su vida a tocar música de Bach, Vivaldi, etc?
Considero que es necesario un equilibrio entre el conocer el pasado y los que en su momento fueron grandes en la música, aprender de ellos, pero también aprender de los que ahora no sólo interpretan, sino también crean música que puede sonar (y usualmente debe) muy diferente a lo que ya conocemos.
Lo que es un verdadero reto es encontrar el “arte” en un mundo con una industria musical comercial tan avasalladora que condiciona nuestra percepción, nuestro juicio debe estar muy alerta, quizás… Saber reconocer aquello que, además de su éxito comercial, tiene un contenido musical interesante e innovador (una propuesta musical y artística) y aquello que fue creado con el fin de vender. Eso por supuesto, a mí modo de ver, debe trascender los prejuicios derivados del eurocentrismo u otros factores.
Saludos Luca, es siempre un gran estimulante leer este blog.